Vivimos en una cultura que celebra el hacer constante. Nos cuesta detenernos, y muchas veces sentimos que descansar es perder el tiempo. Sin embargo, el descanso no es un premio: es una necesidad.  En yoga, Savasana, la postura de relajación al final de la práctica, nos recuerda algo muy valioso: el cuerpo también necesita pausas para integrar, recuperarse y encontrar equilibrio.

¿Qué sucede en el cerebro y el sistema nervioso durante Savasana?

A simple vista, Savasana puede parecer “no hacer nada”. Pero, en realidad, durante esos minutos de descanso el cuerpo y el cerebro están realizando un trabajo profundo.  A lo largo del día, nuestro sistema nervioso alterna entre distintos estados. Muchas veces predominan las respuestas de alerta: cumplir horarios, resolver problemas, tomar decisiones o simplemente sostener el ritmo de la vida cotidiana. Aunque no siempre lo notemos, el organismo permanece en un nivel de activación constante.

Savasana invita a cambiar ese estado.

Al acostarnos con el cuerpo completamente apoyado, disminuir el esfuerzo muscular y permitir que la respiración se vuelva natural, el sistema nervioso parasimpático, conocido como el sistema de “descanso y digestión”, comienza a tomar protagonismo. En ese estado pueden ocurrir varios procesos beneficiosos:

  • La frecuencia cardíaca y la respiración tienden a hacerse más lentas y regulares.
  • Disminuye la tensión muscular acumulada.
  • El cerebro reduce la necesidad de responder constantemente a estímulos externos.
  • El cuerpo puede destinar más energía a funciones de recuperación, reparación y regulación.

Desde la neurociencia sabemos que el descanso no es un estado pasivo. Mientras descansamos, el cerebro continúa trabajando: organiza información, consolida aprendizajes y procesa experiencias. Por eso, Savasana también ayuda a integrar los beneficios de la práctica de yoga, tanto físicos como mentales. Muchas personas experimentan una sensación de mayor claridad mental al finalizar. Otras sienten que respiran con más amplitud o simplemente perciben una calma que antes no estaba disponible. No es casualidad: cuando el sistema nervioso se siente seguro, todo el organismo funciona con mayor eficiencia.

Después de los 50, estos momentos de pausa adquieren un valor aún mayor. El estrés sostenido puede afectar el sueño, la energía, el equilibrio y la percepción del dolor. Incorporar espacios de descanso consciente es una forma sencilla y accesible de cuidar la salud y favorecer el bienestar.  Por eso, Savasana no debería verse como “el final de la clase”. Es una parte esencial de la práctica. Es el momento en que el cuerpo integra el movimiento, la respiración encuentra su ritmo y el sistema nervioso tiene la oportunidad de recordar algo que muchas veces olvidamos: también estamos hechos para descansar.

La próxima vez que llegues a Savasana, no pienses que la práctica terminó. Tal vez, la parte más importante recién está comenzando.

5 formas de incorporar microdescansos durante el día.

 

 

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